Conocimiento entre; creencia-verdad

La distinción entre creencias y verdad parece sencilla en un primer momento, aún cuando los antiguos filósofos griegos ya habían debatido largamente sobre la diferencia entre doxa y episteme, tendemos a pensar que discernimos con rigor lo que sabemos verdaderamente de lo que opinamos.

Este error de juicio tan extendido se justifica solo cuando contraponemos nuestros pareceres más laxos a las verdades más firmemente asentadas en nuestro entendimiento. Que un local determinado sea nuestro preferido para almorzar no es, obviamente, una verdad sino una opinión subjetiva tan personal como nuestro color o deporte favorito. Frente a este tipo de inclinaciones subjetivas establecemos verdades asentadas como que tres más cuatro son siete o que no es justo encarcelar a alguien sin un juicio justo. De hecho, lo que pensamos verdadero es aquello en lo que toda persona cree o debería creer a menos que sea un loco o un ignorante. Ciertamente si en una reunión todos los allí presentes vemos un jarrón sobre la mesa ante la que nos sentamos y una persona afirma que lo que hay ahí es una bestia reptiliana llegaremos a la conclusión que tal sujeto está loco o bromea ya que se aparta del conocimiento intersubjetivo común. Por contra, si otra persona prefiere la tortilla de patatas con cebolla en vez de sin ella, por mucho que nosotros seamos de la segunda opinión no tomaremos a esa persona como una idiota o perturbada sino que asumiremos que tiene unas preferencias, gustos o creencias culinarias diferentes a las nuestras.

Por tanto, la creencia es tolerante y flexible. Podríamos, y en realidad lo hacemos continuamente, intentar variar la creencia de otra persona ya que, lógicamente, pensamos que la nuestra es mejor pero si no conseguimos la conversión no estigmatizaremos a esa persona por tener unas preferencias distintas a las nuestras. Esto no siempre es así, hay gente cerrada de mollera que es capaz de discutir e incluso matar a otra persona por cualquier discrepancia banal, pero hemos de reconocer que no solemos ser fanáticos acérrimos de nuestras creencias hasta ese extremo.

Sin embargo, no sería ecuánime sostener que la verdad peca de intolerancia o rigidez en todo momento y lugar. Es cierto que en nombre de la verdad política, económica o religiosa se cometen atropellos constantes contra la humanidad pero el hecho de que existan y hayan existido sociedades con diversas religiones o afiliaciones políticas en su seno, practicantes de una mutua tolerancia, muestra que verdad y tolerancia no están necesariamente en pugna. Aún así, siendo la verdad sentida como algo mucho más íntimo que la creencia, es normal que nos sintamos más distantes o, incluso, rechacemos socialmente con mayor encono a alguien que disiente de nuestras verdades que de nuestros simples gustos. Este mayor nivel de intolerancia hacia aquellos que portan verdades distintas a las nuestras no es en sí algo reprobable y me atrevería a decir que es, en cierto modo, inevitable. En nuestras sociedades está asentada la idea de que abusar sexualmente de un niño es un acto moralmente repugnante; aquellos que creen legítimo este tipo de abuso o las sociedades que normalizan matrimonios con niñas de ocho años son consideradas personas y sociedades depravadas a las que legítimamente se les debe combatir. Creo que pocos lectores pensarán que este tipo de intolerancia es reprobable ya que se asienta en la firme certeza que condena el abuso infantil. Por tanto, la intolerancia aparejada a nuestras convicciones profundas es consustancial a ellas mismas; solo el intelectual es capaz de disociarse de sus propias convicciones percibiéndolas como fruto de un devenir histórico dado, esta capacidad se manifiesta a nivel teórico y muy raramente en la praxis cotidiana.

Damos por hecho que la verdad se asienta sobre la objetividad, por ello tendemos a defenderla con mayor ahinco que nuestros meros gustos o pareceres. Pero, ¿y si esa diferencia fuera ficticia? ¿Y si la verdad fuera una creencia que ha olvidado su origen, un parecer que nuestro orgullo declara definitivo? Si se piensa en toda su radicalidad sopesando los ejemplos con los que he ilustrado esta disertación hasta ahora, se comprenderá que tal conclusión, nada inhabitual en la historia del pensamiento, tiene profundas e inquietantes consecuencias.

DESARROLLO DEL PENSAMIENTO FILOSÓFICO : CREENCIA, VERDAD Y PRUEBA

Analisis Crítico

La verdad y la creencia a pesar de parecer dos cosas muy similares tienen una gran diferencia para para saber qué cosas son verdad Y qué cosas simplemente Son creencias debe haber una lógica en estas. Una afirmación que hace una sola persona no siempre es una creencia y una afirmación que hacen varias personas No necesariamente es una verdad

Bibliografía

*https://www.lasangredelleonverde.com/creencias-y-verdad/

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s